Tres viviendas concebidas como fragmentos desplazados de una geometría pura, moldeadas por la fuerza del terreno.
El proyecto parte de una idea muy simple: la caja como forma esencial de la arquitectura doméstica.
Un volumen puro y contenido que, como si fuera afectado por el movimiento de la tierra, comienza a desplazarse, fracturarse y deformarse hasta generar los diferentes espacios y volúmenes de la vivienda.
La casa nace así de la tensión entre geometría y naturaleza, entre la pureza abstracta del contenedor y la fuerza del paisaje que parece empujarlo, abrirlo y transformarlo.

Los distintos volúmenes de las viviendas se desplazan y superponen entre sí, generando terrazas, vuelos y espacios protegidos que refuerzan la relación entre arquitectura y paisaje.
La combinación de piedra natural, superficies claras y elementos metálicos oscuros aporta profundidad y contraste a las fachadas, mientras la luz natural acentúa la geometría cambiante del conjunto a lo largo del día.





Los planos reflejan la transformación de un volumen abstracto en una arquitectura fragmentada y habitable, donde cada desplazamiento genera nuevas relaciones espaciales, entradas de luz y conexiones con el entorno.

